La deshumanización de los argentinos, un proceso que viene de lejos

Aviso uno. Este no es un articulo de análisis del voto. Ojala fuera solo el voto.

John Fitzgerald Kennedy, el blondo y “bueno” presidente de los EE.UU. dijo alguna vez que así como una sociedad trataba a la infancia expresaba su grado de  “civilización”, refiriendo a algo que nosotros preferimos llamar el grado de humanidad de los seres, la parte de humano que resiste el proceso de deshumanización que el capitalismo ejecuta por medio de todos sus modos de reproducción ampliada: los materiales, productivos, improductivos o nuevas formas de explotación de las fuerzas y saberes de las personas; y los otros, los espirituales, culturales, subjetivos, acaso más silenciosos, pero seguro que mucho más mortales.

Algunos otros han dicho que el estado de las cárceles de un país miden de un modo exacto el estado social de la misma (no su calidad jurídica, sino su grado de desigualdad y crueldad de los poderosos hacia las víctimas del capitalismo, que son generalmente las encerradas por agredir a otras víctimas).

No pienso citar estadísticas porque ¿qué estadística mide el sufrimiento de un niño que vive sin su familia, duerme en  las calles como un perro (le robé la frase al “compañero” del Pro que la dijo sin ironía) y trabaja en talleres clandestinos (un eufemismo típicamente argentino, ¿clandestinos los talleres de Flores, Floresta? no jodamos) y tiene un tiempo de vida tan corto que no duda en quemarlo con tabaco, sustancias y cualquier actividad que le depare algún instante de felicidad (o supuesta).

La Unesco (y si lo dice la Unesco se le cree que el colonialismo mental a veces juega para el lado de la justicia) dice que la mitad de nuestras niñas y  niños son pobres, unos seis millones de seres humanos en proceso de deshumanización, de ellos más de un millón trescientos mil no solo son pobres sino que viven en la pobreza extrema.

Los niños pobres comen mierda (cada vez menos leche, casi nada de frutas, comida chatarra barata o residual, y el clásico guiso blanco de hueso, verduritas y fideos con casi cero nutriente), van a escuelas que no tienen presupuesto y sus maestros están mal pagos, no cuentan con apoyo escolar y su acceso a la salud va en descenso fulminante.

Ah, pero nadie derogó la firma de Argentina de los Pactos y Tratados que respaldan los derechos de las niñas y niños, seguramente piensan en los que recibirán suculentos regalos este fin de semana, que se ofrecen desde celulares hasta plataformas espaciales y robots de todo tipo.  Hace como diez años, Carlos Rosanzky, el Juez que tuvo el coraje de condenar por genocidio al chacal Echecolatz, dijo que la Argentina era el campeón mundial de suscripción de Pactos y Tratados, pero, y el pero lo dijo hace diez años, es decir, en medio del proceso que menos destrató a las niñas y niños, en los años que menos se violentaban sus derechos; pero también, dijo Carlos Rosanzky, es el campeón mundial en no cumplir los acuerdos internacionales.  Mucho antes que la Cortes Suprema dijera que se caga en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la misma Declaración de las Naciones Unidas, aunque algunos “genios” de los derechos humanos no se hayan enterado del cambio de época  y siguen esperando que Washington libere a Milagro o recupere a Santiago. Pamplinas.

Y las cárceles. Para finales del 2015 la Comisión Provincial de la Memoria alertó: “las torturas y las muertes padecidas por las personas captadas por el sistema penal son de una dimensión y gravedad que socavan los cimientos del propio orden democrático. Argentina padece una profunda disociación entre su condición de referencia internacional por el proceso de enjuiciamientos de los crímenes de la dictadura y los ataques planificados, sistemáticos generalizados que se implementan contra una parte de la sociedad civil sobre los que judicialmente se consagrará la impunidad. Las torturas y muertes actuales son crímenes que interpelan los valores de verdad, justicia y memoria”

Como casi todos deberían saber, desde la asunción del gobierno de Macri y sus Ceos, la tensión se fue resolviendo en sentido contrario al que la Comisión esperaba, y junto con ella todos los luchadores por los derechos humanos: hay una campaña persistente y perversa contra los avances en el plano de la Memoria, la Verdad y la Justicia que tuvo un punto alto con la decisión de liberar genocidas por la derogada ley del dos por uno, transitoriamente bloqueada por la lucha popular y si nombramos a Milagro y a Santiago Maldonado queremos visualizar la campaña de estigmatización contra la militancia popular y la creciente violencia represiva contra los que luchan y contra los que son solidarios, o sea contra los que muestran los más altos índices de humanidad: la rebeldía contra la injusticia, la conciencia de los derechos sociales, la solidaridad con los que sufren y resisten.

Así fue siempre la base del proceso de deshumanización, matar lo humano en los más humanos de todos.

Aviso dos. Cierto es que los modos de dominación cultural son muy sofisticados pero no olvidar nunca que empezaron matando indios, reprimiendo luchadores sociales y fundaron el país real con tres genocidios: la Conquista, la Campaña del Desierto y el Terrorismo de Estado. No son civilizados, son brutales asesinos.

Cierto es que la actual etapa de dominación contiene elementos novedosos y hasta un poco asombrosos pero me niego a fingir que la derecha ha llegado por vez primera al gobierno, el poder o la hegemonía cultural en la sociedad. Todo lo contrario, porque la han tenido casi el tiempo en altos grados es que pueden hoy mostrarse desnudos como Cambiemos, sin necesidad de esconderse detrás de ninguna mascara.

Anuncian ajustes, baja de impuestos para los ricos, ajuste feroz, destrucción de los espacios gratuitos de la educación y la investigación, subordinación al imperio y agreden la lucha venezolana por salvar la revolución bolivariana y no se produce ninguna insurrección popular en su contra, ni siquiera electoral, que ya sería bastante poco, pero ni eso.

La derecha, sus capacidades militares y culturales están en estas tierras desde que el Imperio Español, poco después de exterminar moros y judíos en sus tierras y arrasar con los vascos, los catalanes, los gallegos y muchos otros, invadió el sur de las Américas y a sangre y fuego impuso su dominación. Resultado de ese proceso militar colonial genocida fue borrada la humanidad de los pueblos originarios, y luego de los africanos traídos como esclavos y luego de los pobres criollos y luego de los inmigrantes europeos traídos a trabajar en reemplazo de los indios exterminados y luego a los obreros industriales.

Y legalmente eh, porque en 1902 a instancias de un gran “humanista” como Miguel Cané, autor de Juvenilla, una primorosa novela sobre el Colegio Nacional de Buenos Aires, se sancionó la ley 4144 que decretaba la no humanidad de los inmigrantes revoltosos, indeseables por ser hostiles al capitalismo; es decir que defendían su humanidad del régimen que la propia Iglesia ha denunciado como inhumano y fatal para los valores cristianos.

Y la ley 4144 tuvo vigencia hasta 1957, no me jodan con el progresismo argentino. Y si la derogaron es porque ya estaban instalando la Doctrina de Seguridad Nacional que justificaría otras dos leyes, la 17401 de lucha contra el comunismo (1967) y la antisubversiva 20840 de 1974 (si, 1974, leíste bien) que daría base legal a la represión legal y a la ilegal que desembocó en el exterminio masivo de militantes de izquierda, marxistas, peronistas, religiosos, etc.

Que siempre hubo una parte de la sociedad que resistió, cierto y conviene saber que a la sanción de la 4144 los obreros organizados de entonces respondieron con una huelga general y que nunca dejo de haber solidaridad con las  y los presos políticos, los desaparecidos y todas las víctimas de la represión.

Si. Pero de una partecita de la sociedad, mientras el grueso se paralizaba por una combinación de terror, cobardía, conveniencia y luego, lenta pero persistentemente, convencimiento y asunción del discurso de las derechas enquistadas en el poder por medios militares que luego perpetúan en posiciones económicas, culturales, comunicacionales, etc.

En el prologo a mi libro de relatos sobre la represión y la resistencia “Un vaso de agua”, escribió Fabiana Rousseaux y cito: Sin embargo, lo sencillo, lo obvio, la humanidad que radica en los actos cotidianos, quedan convertidos en  “lo extraño”, en la extranjeridad del otro, en medio de la cultura impregnada por el terror y por la denigración deshumanizante que tal como advertimos en los testimonios de la época, hasta un vaso de agua a una señora mayor a la que le acaban de destruir su casa por una bomba, convierte a la señora mayor en “otro”, por fuera de los “intocados”, porque la tragedia tiene eso, toca a algunos, que deberán portar en sus cuerpos ese signo trágico y concentrar allí el dolor y la falsa extrañeza que encarnarán a la vista de la sociedad. De este modo, pueden respirar en paz “los otros”, los que no fueron alcanzados por la bomba.

Y si prestamos atención esa costra derechista dura no ha dejado de mostrarse en todos estos años, aún en los años de oro del kirchnerismo; porqué qué cosa eran las demostraciones de apoyo al campo de 2008, y las movilizaciones que arrancó Blumberg y sus pedidos de mano dura de 2004 o ¡cómo explicar el odio asesino de los varones contra las mujeres sino por la persistencia de una cultura del odio y la negación de la humanidad del otro, en este caso de las otras, de las mujeres por ser tal?.

Si existiera algo así como lo que los periodistas llaman el “enano fascista”, ese enanito llegó con los españoles y se reprodujo con la derrota de Moreno, Monteagudo, San Martín, Belgrano y Guemes, el fusilamiento de Dorrego por Lavalle si quieren una escena simbólica. Y creció, creció con la 4144, con la 17401, con la 20840 y con los golpes del 30, del 43, del 55, del 62, del 66, del 76. Y con la claudicación de Alfonsín de Semana Santa. Y con Menem. Y con De la Rúa.

No llegamos a Macri de casualidad.

Aunque claro que  no estábamos condenados a esta mierda.

La intentamos siempre y hasta hubo un proceso esforzado y popular de cambios, maravillosos, pero insuficientes que amerita un largo debate del cual solo aporto un punto de vista sobre un punto.

García Llineras sobre el consumismo fomentado por los gobiernos populares. Cito: “Hay una ampliación del sector medio, de la capacidad de consumo de los trabajadores, hay una ampliación de derechos, necesarios, sino, no seríamos un gobierno progresista y revolucionario. Pero, si esta ampliación de capacidad de consumo, si esta ampliación de la capacidad de justicia social no viene acompañada con politización social, no estamos ganando el sentido comúnHabremos creado una nueva clase media, con capacidad de consumo, con capacidad de satisfacción, pero portadora del viejo sentido común conservador.”

Y el viejo sentido común conservador es el que viene de la Conquista, la Campaña y la represión.

Contra ese sentido común conservador es la batalla y una batalla que puede tener rápidos y eficaces resultados porque esa batalla debe darse en la mente y el corazón de cada uno de nosotros.

Ahora o nunca.

A vencer o morir por la Argentina como decía el Roby concientes de aquello  que nos enseñaba Agustín Tosco “Las victorias más importantes y valiosas son las que se obtienen sobre las propias debilidades.   A partir de allí todo es posible.  Lo que va contra uno mismo, lo que choca contra el propio ser es lo que destruye.  Por eso también Ulyses Mc Daniel se afirmaba a sí mismo al exclamar: “ si alguna vez quebrara mis troncos.  O claudicara junto a mis compañeros.  Este juramento me matará…”  El ser o no ser de Hamlet se plantea en todo momento.  En cualquier circunstancia, en lo más sencillo y en lo más complejo en la vida del  hombre”.

Y si ganamos esa primer y decisiva batalla, venceremos.

Ahora y siempre.

José Shulman – https://cronicasdelnuevosiglo.com/2017/08/16/la-deshumanizacion-de-los-argentinos-un-proceso-que-viene-de-lejos/

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