Raíces de Dignidad: Sangre, Patria y Soberanía
Treinta y dos hogares cubanos amanecieron con un vacío que el universo no puede llenar. Treinta y dos sillas a las que ya no se sentará el hijo, el padre, el hermano, el compañero. No eran soldados anónimos en un campo lejano; eran guardianes de un principio sagrado, tallado a fuego en el alma de nuestros pueblos: la soberanía no se negocia, se defiende.









